Una sonrisa

“Un hombre que viajaba por interminables carreteras paró su camión junto a un bar concurrido por otros conductores. Mientras esperaba que le sirvieran algo que le refrescara para continuar su camino, un muchacho del bar trabajaba afanoso frente a él, encorvado, al otro lado del mostrador. “¿Mucho trabajo?”, le dijo sonriendo el viajero. El muchacho levantó la cabeza y devolvió la sonrisa. Cuando meses más tarde el conductor pasó de nuevo por aquel lugar, el muchacho del mostrador le reconoció, como se reconoce una antigua amistad. Y es que la gente – entre la que nos encontramos – tiene una vieja sed de sonrisas, una gran necesidad de que alguien le contagie un poco de alegría, de aprecio… A nustra puerta encontramos cada jornada una serie de personas con las que convivimos, trabajamos, que esperan esa breve muestra acogedora.

            En la convivencia diaria la alegría, el optimismo, el aprecio… abren muchas puertas que estaban a punto de cerrarse al diálogo y a la comprensión.” (Tomado de “Hablar con Dios”, F.Fdez. Carvajal, T. V, págª 631)

 

            Un componente esencial de la virtud de la Caridad es la afabilidad, o sus sinónimos amabilidad, cordialidad, cortesía, gentileza, urbanidad, gracia.  ¿Nos esforzamos en ser afables en el trato con los demás? Un buen amigo mío, que entendió bien esto, decía cada mañana cuando se disponía a recibir a los clientes de su trabajo: “Cristo y yo abrimos la ventanilla”.  Y comenzaba el día con una sonrisa.

José Luis de los Reyes – c/Niños Cantores 7, 3º, y joseluis.delosreyes@gmail.com

Responde

Nota: El moderador de comentarios está activado. No necesita reescribir su comentario.